PASAPORTE ELE, aumenta de niveles y su éxito

Autores PASAPORTE ELE: Directoras de TANDEM, Begoña Llovet y Matilde Cerrolaza y Oscar Cerrolaza

Tras el éxito de los dos primeros niveles, los autores de Pasaporte ELE ya han terminado el nivel B1 y ahora continúan con el nivel siguiente. Aunque con los cambios de estructura lógicos entre los niveles iniciales y los niveles intermedios, Pasaporte sigue apostando por una enseñanza por ámbitos y por competencias.

Una de las orientaciones en las que el Marco común de referencia hace mayor énfasis, que mayor sorpresa e interés ha creado y que, sin embargo, hasta la aparición del método PASAPORTE no se habían recogido en los materiales didácticos, es la necesidad de considerar en nuestra práctica docente la existencia de cuatro ámbitos o contextos de uso de la lengua.

Según el Marco común de referencia, comunicamos por motivos personales (en conversaciones con amigos o familiares: ámbito personal), con intenciones públicas (obtener bienes o servicios en la sociedad: ámbito público), en situaciones laborales (en el trabajo o en la formación profesional: ámbito profesional) y dentro del aula (en el propio proceso de aprendizaje de la lengua: ámbito académico).

Citando dicho documento,

«(…) cada acto de uso de la lengua se inscribe en el contexto de una situación específica dentro de uno de los ámbitos (…) en que se organiza la vida social. La elección de los ámbitos en los que se prepara a los alumnos (…) tiene consecuencias de largo alcance para la selección de situaciones, propósitos (…)». MCER 4.1.1, p. 67.

Cuando el Marco común de referencia nos habla de «situaciones específicas dentro de uno de los ámbitos» podemos pensar en situaciones cotidianas, perfectamente plausibles en la interacción real y que, por tanto, deberíamos incluir en nuestras clases para capacitar a nuestro estudiantes a enfrentarse a ellas de forma satisfactoria.

Tomemos, por ejemplo, la función comunicativa de expresar gusto y el componente léxico de la alimentación. Con este índice básico encontramos que cada persona utiliza la lengua (su lengua materna u otras) para, por ejemplo, expresar sus propios gustos culinarios en una comida familiar (ámbito personal), para comprar alimentos en un supermercado (ámbito público), para manejarse en una comida formal en un restaurante (ámbito profesional), o aprendiendo la lengua, con unos registros (informales o formales) y con unas estructuras lingüísticas, pragmáticas y culturales propias de la lengua y de la sociedad con la que comunica (ámbito académico).

Si parece evidente que estas son situaciones absolutamente reales y frecuentes en contextos comunicativos reales, deberíamos concluir necesariamente que una enseñanza integral de una lengua ha de recoger esta variedad de contextos reales (o ámbitos) en los que se establece la comunicación. Es decir, que para que el estudiante llegue a una competencia lingüistico comunicativa completa debe dominar registros, situaciones, documentos y formatos textuales propios de los cuatro ámbitos de uso de le lengua (personal, público, profesional, y académico).

Hasta el momento actual, se ha disociado el ámbito profesional del resto, de lo que surgen los materiales de español con fines específicos, cuya naturaleza y objetivos son diferentes a los de los cursos generales de español y sobrepasan los objetivos de este artículo. En cuanto a éstos últimos – los materiales para cursos generales – parece claro que hasta PASAPORTE ninguno había recogido integralmente todos los ámbitos, sino que encontrábamos contenidos que se limitaban a los ámbitos personal y público, y en cuanto al profesional y académico, o bien se ignoraban completamente o se incluía de forma esporádica alguna situación, registro o documento a partir de una vaga percepción de su necesidad.

Tal y como nos dice el Marco común de referencia, la inclusión de los ámbitos «tiene consecuencias de largo alcance para la selección de situaciones, propósitos (…)» (MCER 4.1.1, p. 67). Es decir, la traslación de los ámbitos en los materiales nos obliga a repensar multitud de cuestiones que podemos resumir en tres fundamentales: a) qué documentos debemos elegir para ilustrar cada uno de los contextos de uso; b) qué actividades, situaciones comunicativas o interacciones son más usuales y representativas de cada ámbito; c) qué propósito final debe tener cada ámbito, y por tanto, qué actividad final de compilación de contenidos (acción) debemos proponer.

El estudiante de lenguas, en cuanto agente social, debe estar preparado para poder interactuar en contextos reales en los diferentes ámbitos descritos, y esta capacidad de comunicarse (competencia) va a influir directamente en la motivación del estudiante, que siente que las actividades y objetivos que le proponemos en la clase tienen (o en algún momento futuro, tendrán) una translación en contextos reales de comunicación.

Como el propio Marco común de referencia afirma:

«Los usuarios tienen que tener en cuenta los efectos que para la motivación supone la elección de ámbitos que sean adecuados para el presente en relación con su utilidad futura (…)» MCER 4.1.1, p. 67

Si la presencia de ámbitos adecuados va a traducirse en una mayor motivación, igual efecto podemos prever del estudiante si la acción (o tarea de compilación final) que proponemos no es tan sólo un ejercicio prefabricado, claramente artificial, sino que habilita al aprendiente a enfrentarse a tareas lingüísticas y extralingüísticas que los hablantes realizan en contextos auténticos.

Pedro Navarro (Instituto Cervantes de Belo Horizonte)

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